Quinta entrega 16 de junio 2021

 



Un libro: Yo amaba a Toshiro Mifune, de Tina Suárez Rojas (2020)


Cada libro de Tina Suárez Rojas es un disfrute poético, una muestra de lo que es una poesía personal y cultural, una combinación de los propio y de lo ajeno, la demostración de que los otros están en nosotros y que nosotros estaremos en ellos de una forma u otra. Este nuevo poemario de Tina Suárez la confirma una vez más en sus forma de transformarse en textos hechos con ladrillos de textos, que son lecturas.
Se alaba de Tina su intertextualidad, pero creo que su secreto está más allá de lo culto de sus lecturas y está más en su sentido del ritmo, su profunda musicalidad, por un lado, y la capacidad visual de construir metáforas, llenas de un surrealismo juguetón, que nos lleva por el camino del placer.
Mi conocimiento de Tina ha sido como una construcción epistemológica de un puzle. Primero me llegó su palabra. Conocí su poesía hace muchos años y escribí una crítica quejándome de que la premiaban pero no valoraban el sentido de sus poemas,  su actitud en la vida, redirigida hacia el texto, principio y final; tuve el honor de hacer el prólogo de uno de sus libros, algo que valoro profundamente. Luego, pasado el tiempo, pude ponerle cara y entendí la conexión entre su poesía y su forma de ser. No hace mucho pude completar el puzle poniéndole voz, escuchándola recitar, con lo que acabé de entender su sentido del ritmo, de la palabra como idea, pero sobre todo tiempo que vuela, un desplazamiento del sonido, con ritmos como de danza. Idea, imagen y sonido, una conjunción magistral en el texto, exigencia para quien la lee, que se encuentra en la metáfora disparatada pero ajustada, la cita referencial, la imagen explosiva y el vals que nos lleva de sílaba en sílaba, con un ritmo clásico que el oído adora.
Hay poetas de la vista y poetas del oído. Tina Suárez trabaja ambos campos sensoriales y lo hace con las rupturas del verso, lleno de libertad anárquica en su sentido pero lleno de rigor en su desarrollo. "Llorar mientras llueve... / qué patética manera de querer ser poeta". 
La inicial referencia a Hölderlin en el poema "Poética" nos sitúa en esa "locura" amada, arrebato poético, un estado en el que se recoge el "ruido de fondo del que está hecho el poema", martillazos y cuerdas de piano aporreadas. 
Magnífico poemario, de principio a final, con ese espléndido poema "Rashomon", cuyo último verso, "La muchacha que amaba a Toshiro Mifune", nos lleva al título de la obra.

  • Tina Suárez Rojas (2020). Yo amaba a Toshiro Mifune. Biblioteca Básica Canaria nº 63. Tenerife. 110 pp.
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Una canción: Misty (Erroll Garner)


Ayer Internet se inundó (relativamente) de homenajes al gran pianista y compositor Erroll Garner, nacido un 15 de junio de 1921. ¡Feliz centenario, Garner! Misty (1954) es una de esas canciones que trascienden a su autor y provocan versiones y versiones en un inusitado deseo de hacerla tuya. Tenemos versiones cantadas (Johnny Burke le puso letra), como las de Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan o Carmen McRae e instrumentales con todo tipo de solistas, de guitarristas como Wes Montgomery a saxofonistas como Stan Getz, muchas de ellas memorables. ¡Un gran clásico!

Suenan las primeras notas y ya sabes que vas a ser transportado por una melodía sencilla e irresistible, como es la verdadera música popular. ¡Qué mejor homenaje el día de su centenario que escucharle en sus enérgicas interpretaciones, ejemplo de elegancia y virtuosismo! 

"Look at me, I'm as helpless as a kitten up a tree / And I feel like I'm clinging to a cloud, I can't understand / I get misty, just holding your hand..." dice en su inicio la letra que escribió Johnny Burke, toda una declaración sobre los efectos perturbadores del amor. Hoy la escuchamos a Garner, en sus cien años en este mundo. Falleció en 1977, pero siguen vivas sus notas.


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Una película: Rashomon (Akira Kurosawa 1950)


Después de lo dicho de nuestra obra literaria, el poemario de Tina Suárez Rojas, solo podíamos recomendar una obra maestra, Rashomon, la maravillosa película de Kurosawa que sirve para el poema del mismo título y que cierra el poema con una declaración del amor a Toshiro Mifune, su actor protagonista.

Rashomon (1950) es un clásico por muchos motivos. Es una película de la que se ha hablado tanto que a mucho se les ha quitado las ganas de verla pensando que es un petardo académico. Nada más lejos de la realidad, Rashomon es una película viva, contundentemente viva y capaz de sobrevivir a sus comentaristas. Incluso a la salida del cine, como nos cuenta Tina en su poema.

Tuvo gran reconocimiento en su momento, tanto de público como de crítica, premiada justamente por donde fue. Lo mejor es hacer la prueba y verla, no habrá desengaño en una historia sobre la verdad, la mentira y el poder, sobre el contar mismo y sobre qué creer. Kurosawa se adelantó a estos tiempos relativistas convirtiendo en imágenes lo que se cuenta, sabiendo que las imágenes pueden ser tan falsas como las palabras. En el tiempo solo quedan las palabras y nuestra lucha con su verdad o falsedad.

Rashomon es una película necesaria hoy, en estos tiempos "fake" y "post", una muestra de cómo el arte no es intranscendente y sirve para poner en marcha nuestra visión del mundo de forma inteligente frente a la manipulación.



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